María Oruña, pregonera en las Fiestas de Comillas (Cantabria) el 13 de julio de 2.018

María Oruña será la encargada de dar el pregón para el inicio de las Fiestas de Comillas el próximo 13 de julio de 2.018. Además, el sábado 14 de julio, a las 12:30h, hará una presentación de su último trabajo, Donde Fuimos Invencibles, en el Centro Cultural de la villa, “El Espolón”.

Si estáis interesados en el programa de las fiestas, podéis verlo detallado en el siguiente enlace: Fiestas Comillas 2.018

El pregón de María Oruña está disponible así mismo en el enlace facilitado, pero podéis leerlo aquí mismo:

El carisma es algo difícil de explicar. Algunas personas, sin ser apenas conscientes de ello, disponen de ese imán potente que logra que su presencia no pase inadvertida, que sus palabras no se olviden, que su mirada perdure en la memoria.

Y existen lugares, pocos, que disponen también de este don natural, logrando que el viajero se detenga, que el investigador se maraville, que el veraneante se enamore, que todos regresen al menos una vez, aunque tengan que hacerlo cerrando los ojos y recordando.

Comillas dispone de este duende, que se muestra poco a poco, envolvente y acogedor. Primero, su costa. La fuerza, el dominio azul del mar cantábrico. Las miradas limpias y las manos fuertes de pescadores y marineros. Después, el suave verde de sus prados, que invitan irremediablemente a pasear. La fiereza de los acantilados, que se contemplan con mudo asombro y respeto. Los suelos empedrados y las viejas casonas señoriales, que hablan en silencio de otros tiempos.

Recuerdo haber paseado por las calles de Comillas de niña. Había algo en el ambiente, en el aire, que se me colaba dentro sin que yo me diese cuenta. La memoria juega conmigo y sólo me permite rescatar algunos gestos, algunas imágenes sin contexto sólido; pero atesoro un instante que ha permanecido desde mi infancia: un amanecer estival, regresando a Galicia por la costa. Una niña de once años observa desde el asiento trasero de un coche cómo se aproxima a Comillas. La villa todavía duerme, pero la niña descubre vida por todas partes. Un camping, unos amigos que aún regresan de fiesta, unas persianas que se abren. Y un enorme ángel sobre un cementerio. Cada vez más cerca, cada vez más imponente. El gesto del ángel era concentrado, como si lo hubiesen inmortalizado cuando iba a hacer algo importante. ¿Qué sería? ¿Y por qué llevaba aquella larguísima espada, que estaba a punto de alzar? ¿Sería un espíritu celeste bueno o uno sin piedad, que se movía por pura furia? En aquel instante supe que Comillas tenía una historia, no sabía cuál, que merecía ser contada.

Muchos años más tarde regresé a este eje de belleza asentado sobre tres colinas. El lugar había cambiado porque yo ya no era la misma. Comprendí la mirada del ángel, observé la felicidad despreocupada de los veraneantes, disfruté la amabilidad de los comillanos, soñé sus calles y escribí una historia. En ella, Comillas y otras villas cántabras se contaban como un Puerto Escondido, un lugar al que acudir cuando necesitase un refugio y en el que pudiese permanecer aunque estuviese a miles de kilómetros de distancia, sabiendo de la potencia de los recuerdos, de la fortaleza de los apegos no impuestos.

Hoy, cuando aquella historia llena de misterio ya ha llegado a miles de personas de todo el mundo, comprendo que gran parte de su impacto, de su magia, no residía únicamente en la necesidad que todos tenemos de un refugio, de un lugar que nos de calma y seguridad. El duende de la historia estaba también aquí, en Comillas, y en vosotros, sus vecinos y amigos. Cuántos lectores, venidos de todos los puntos de España, de Suiza, Francia, Canadá, Sudamérica, Alemania… cuántos me han escrito y me han dicho que han visitado esta villa, recorrido las localizaciones de mis historias y han comprendido por qué sólo podían ser contadas dentro de este marco único, inspirador y lleno de carisma.

Vosotros, comillanos, sois la magia de Comillas. Que sepáis valorarla, redescubrirla a diario, disfrutarla y ver en ella el refugio cálido y maternal que otros, en la distancia, sólo sueñan.

Que toméis las calles en estas fiestas, que las disfrutéis con alegría y ¡Que viva Comillas y que vivan las fiestas del Cristo de Comillas!!!!

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